Es curioso lo difícil que resulta mantener una postura así como de término medio y matizaciones. Para una gran cantidad de personas –entre ellas, muchas feministas– la reivindicación de algo así como un instinto maternal es algo impensable. Y así me lo han hecho saber. Simplificando (mucho), sus críticas serían del tipo: “no me puedo creer que te hayas tragado la propaganda patriarcal…”
Para otra gran cantidad de personas, mi forma, digamos, “tibia” de hablar de instinto maternal es motivo de guasa. Su crítica sería de este estilo: “mira qué risa, una feminista pro-construcción social de la realidad que por fin se está dando cuenta de cómo son las cosas pero todavía no se atreve a abrir los ojos del todo”.
Me imagino que poco puedo hacer para mejorar mi posición frente a estos dos grupos opuestos. Pero aun así, y a modo de respuesta a algunos comentarios del “bando pronaturaleza humana” que se han hecho en este blog, intentaré matizar un poco más.
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martes, 29 de octubre de 2013
miércoles, 7 de agosto de 2013
A vueltas con el instinto maternal
Hace unos meses tomé parte en uno de los cursos
de Nociones Comunes. Era sobre crianza y cuidados, un tema que ha pasado a
ser "mi tema" desde poco después de que naciera mi primer hijo, Bam
Bam, en 2009. Una de las cuestiones que no tuvimos tiempo de debatir fue la del
instinto maternal.
Es un tema bien complicado, en el que se
entremezclan grandes dosis de conocimiento especializado y cantidades aún mayores
de prejuicios ideológicos. Yo no soy ninguna experta, ni tampoco puedo
presumir de estar libre de prejuicios. Pero confío en que estas notas que
preparé para aquel curso puedan ser de utilidad para situar el debate en un
terreno más o menos razonable. Que no es poco: en efecto, muchas veces la
discusión parte de posiciones bastante poco sensatas.
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